contador de visitas gratis
top of page

"No estoy arrepentido y lo volvería a hacer": "Pancho pistola" y la crónica de un despiadado crimen en Coronel

  • Foto del escritor: Raúl Gomez
    Raúl Gomez
  • 6 jun
  • 2 min de lectura


Hay una cosa que Francisco Alejandro Cabrera Muñoz (18) hizo antes de salir de su casa, la noche del 26 de mayo, que dice más sobre él que cualquier otra. No fue calzarse las zapatillas marca Puma negras con blanco, ni ponerse la chaqueta larga, negra, que le llegaba casi hasta las rodillas, ni meterse los guantes de látex en el bolsillo. Fue agarrar un cuchillo. Un cuchillo rojo, con el mango envuelto en huincha aisladora blanca, del tipo cocinero, de los grandes, que era suyo y que procuró llevarse ese día.


Francisco tenía 18 años, 1,85 cm, contextura delgada, tez morena y pelo negro ondulado. Era el más ágil del grupo, dicen quienes lo conocían. El que llegaba primero a los lugares y ese cuchillo lo ocupó esa noche en más de 40 oportunidades para acabar con la vida de una mujer de 65 años. El cuchillo era suyo, lo llevó porque era suyo. Eso es lo primero que hay que saber.


Coronel queda al sur de Concepción, mirando el mar. Tiene el carbón en la memoria y la pobreza distribuida en sus sectores periféricos con una equidad que pocas otras cosas tienen en ese lugar. El sector Escuadrón está en la periferia, con sus calles de nombres militares y sus casas casi pareadas una contra la otra.


Francisco vivía en el cerro Corcovado, en el pasaje Peatonal Endesa N° 1021. La dirección suena a lo que es: un callejón sin nombre propio, bautizado con el nombre de la empresa que tendió los cables. Tenía 18 años el viernes 22 de mayo de 2026. A esa edad, en ese lugar, las opciones no abundan y las noches de viernes se parecen mucho entre sí.

Esa tarde se juntaron en la casa de Agustín O.C., 14 años, apodado “el Chulito”, en el sector Escuadrón. No era la primera vez. Se juntaban seguido, con sus distintas edades y sus distintos años de amistad: estaba Samuel Díaz, el colombiano, apodado “Parcero”, 20 años, amigo del Chulito desde los 6; estaba Francisco, al que el Chulito conocía desde principios de ese mismo año; Stefan, 17 años; Leonel A.D., 16 años, amigo del Chulito desde hacía diez años; y Benjamín C., 15 años, conocido desde septiembre del año anterior. Hicieron un asado. Tomaron cerveza, Capel Ice, cosas con poco grado de alcohol, declaró el Chulito ante la PDI. También fumaron marihuana. Ya adentrada la noche, cerca de las 20 horas, consumieron zopiclona y clonazepam, pastillas para dormir y para la ansiedad que en ese grupo circulaban sin mayor ceremonial, como cualquier otra cosa. “Quedamos locos”, declaró uno de los menores de edad.


Comentarios


bottom of page